Era un día especial, mi cumpleaños.
Normalmente no me gusta celebrarlo, pero estaba feliz y ansiosa por que llegara la noche. Alberto, mi novio, me tenía preparada una sorpresa, no había querido decirme que era por más que yo insistiera, pero estaba segura que era algo que me iba a gustar mucho. Él me conocía muy bien, llevábamos cuatro años juntos y siempre me había sorprendido con sus regalos.
Cuando llegaron las ocho de la tarde empecé a arreglarme, iba a venir a buscarme a las nueve y no quería hacerle esperar. Me duche, me peiné y me puse un vestido nuevo que me acababa de comprar. Un vestido de raso rojo, con la espalda al aire y largo hasta los pies, casi arrastrando, me puse unos zapatos de tacón de aguja negros y terminé de pintarme los labios.
Estaba excitada, impaciente por saber que me deparaba la noche y con que me sorprendería Alberto.
Me senté en el sofá y encendí un cigarrillo mientras esperaba.
A los diez minutos sonó el timbre de la puerta, me levanté y me coloqué bien el vestido. Abrí la puerta y cuál fue mi sorpresa al ver que Alberto no venia solo. Le acompañaba un hombre, de unos 35 años más o menos, alto, corpulento y con una cara muy agradable, me pareció muy atractivo, era de raza negra, pero no muy oscuro más bien mulato.
Los hice pasar, Alberto me lo presento, me dijo que era un compañero de trabajo y que lo había invitado a pasar mi cumpleaños con nosotros.
En ese momento me di cuenta, entendí cual era la sorpresa. Alberto sabia que siempre había tenido la fantasía de tener sexo con un hombre de raza negra y en este cumpleaños iba a realizar aquel sueño.
En vez de salir a cenar, había traído la cena y una tarta de postre. Nos sentamos en la mesa, comimos y charlamos amenamente. Alberto y yo nos mirábamos, él sabía que yo ya había descubierto su sorpresa, pero no dijo nada, se limitaba a sonreír con picardía.
Terminamos de cenar y nos sentamos en el sofá azul del salón, estaba excitada y algo nerviosa. Me senté en medio de los dos y seguimos charlando.
Alberto sin mediar palabra me puso la mano en la espalda y empezó a acariciarme, me sentí un poco violenta, el invitado estaba allí a mi lado y no dejaba de mirarnos. Siguió bajando la mano y llego a mi trasero, estaba empezando a ponerme muy caliente, ellos lo notaban. Alberto empezó a besarme, me metía la lengua con furor, con ansia, mordiéndome los labios...no quería parar de besarle pero me cogió la cara y me la giro hacia el invitado, no sabía qué hacer, aquellos labios eran gordos, jugosos y me estaban esperando...me deje llevar...saque la lengua y la acerque a su boca, en ese momento el invitado hizo lo mismo con la suya y nos comimos la boca, me encantaba, estaba húmeda y su lengua jugaba con la mía. Toda aquella situación me ponía muy cachonda y quise disfrutar de todo aquello.
Puse una mano en la entrepierna de Alberto y la otra en los pantalones abultados del invitado. Los besaba a la vez, primero a uno y luego al otro, mis manos se movían ágiles y sus pollas se alegraban de ello. Me puse de rodillas en el suelo y les quite los pantalones. Las pollas estaban completamente erectas, cogí una con cada mano y las moví de arriba a abajo, las dos a la vez, acompasadas, cada vez se ponían más duras, no aguanté mas y me las metí las dos en la boca, mmmm….la sensación fue increíble, no me cabían, pero tenía los dos glandes dentro y los lamí con dulzura, los moje todo lo que pude, mi saliva goteaba por todos los lados, ellos jadeaban de placer y mi coño estaba cada vez mas hinchado.
Alberto me tumbo en el sofá y me metió la polla en la boca, dejando libre mi sexo para que el invitado se lo comiera. Así lo hizo, se acerco y me paso la lengua dos o tres veces, a cada lengüetazo mi cuerpo se estremecía, pero no pude mediar palabra, tenía la polla de Alberto en la boca y me estaba ahogando. Siguió mojando mi coño, me mordía el clítoris, lo sorbía, movía la lengua rápido, sin darme casi cuenta me estaba follando con la lengua, me la metía todo lo que podía en mi agujero, me estaba muriendo de placer, lo hacía rápido, cada vez más rápido….no pude mas, me corrí en su boca, mi flujo llenó su lengua y las contracciones de mi coño la apretaban con fuerza.
Alberto saco la polla de mi boca y me quito el vestido, lo que vieron les gusto, se acercaron los dos, uno por delante y el otro por detrás, notaba sus pollas contra mi cuerpo, se frotaron y el calor que desprendían me ponía la piel de gallina.
Alberto doblo mi cuerpo hacia delante, y mi cara se quedo a unos centímetros de la polla del invitado, me empezó a penetrar y en el primer empujón hizo que me metiera todo el aparato de aquel hombre que no conocía de nada en mi boca, ahora siiiii ahora sí que la tenía toda en la boca, era enorme, larga y gorda y no me cabía nada más que la mitad, pero seguía empujando mi cabeza para que me la metiera mas, hizo que tosiera varias veces, me follaba muy fuerte e hizo que algunas lagrimas se me escaparan.
Me follaban por la boca y por el coño, al unísono, con movimientos rápidos y duros….estaban gozando, gemían sin cesar y yo estaba siendo penetrada sin compasión. Noté que Alberto no aguantaba más y salió de dentro de mí, yo seguía lamiendo aquella polla, más que lamiendo, tragando, empapada de saliva, goteando, sintiendo que me quedaba sin respiración, pero no podía parar.
Me sacó la polla de la boca y se sentó en sofá, seguía teniéndola dura y esperando a k la montara, me senté encima de él, y no pude acallar un grito de placer, me penetro tan fuerte y tan dentro que creí correrme en ese momento, le arañe los brazos, le mordí los hombros y mis pies se encogieron del placer que me estaba dando, mientras Alberto nos miraba sin dejar de masturbarse, esa escena le gustaba, verme follada por otro hombre le había puesto muy cachondo….
Cabalgue a ese hombre sin piedad, notando cada empujón en mis adentros y no aguante mas, me había corrido ya dos veces pero este ultimo orgasmo fue intenso, mi coño palpitaba y la gran polla del invitado me seguía al compas, nos habíamos corrido a la vez y Alberto estaba ya sumido en un placer fugaz, sus manos estaban llenas de leche y nos miraba con una sonrisa de satisfacción.
Me baje de aquel hombre y mi sexo chorreo una cantidad de liquido que empapo toda mi pierna, se había corrido a borbotones y allí estaba la prueba.
Nos fumamos un cigarrillo los tres, lo habíamos pasado de miedo y nuestros cuerpos estaban exhaustos.
Me dirigí a la habitación haciendo un gesto a los dos de que me acompañaran, esa noche iba a ser muy larga, mi cumpleaños iba a durar todo lo que me aguantaran y lo que yo aguantara, y os aseguro que iba a ser la más larga de todas las noches que habían tenido nunca.
Normalmente no me gusta celebrarlo, pero estaba feliz y ansiosa por que llegara la noche. Alberto, mi novio, me tenía preparada una sorpresa, no había querido decirme que era por más que yo insistiera, pero estaba segura que era algo que me iba a gustar mucho. Él me conocía muy bien, llevábamos cuatro años juntos y siempre me había sorprendido con sus regalos.
Cuando llegaron las ocho de la tarde empecé a arreglarme, iba a venir a buscarme a las nueve y no quería hacerle esperar. Me duche, me peiné y me puse un vestido nuevo que me acababa de comprar. Un vestido de raso rojo, con la espalda al aire y largo hasta los pies, casi arrastrando, me puse unos zapatos de tacón de aguja negros y terminé de pintarme los labios.
Estaba excitada, impaciente por saber que me deparaba la noche y con que me sorprendería Alberto.
Me senté en el sofá y encendí un cigarrillo mientras esperaba.
A los diez minutos sonó el timbre de la puerta, me levanté y me coloqué bien el vestido. Abrí la puerta y cuál fue mi sorpresa al ver que Alberto no venia solo. Le acompañaba un hombre, de unos 35 años más o menos, alto, corpulento y con una cara muy agradable, me pareció muy atractivo, era de raza negra, pero no muy oscuro más bien mulato.
Los hice pasar, Alberto me lo presento, me dijo que era un compañero de trabajo y que lo había invitado a pasar mi cumpleaños con nosotros.
En ese momento me di cuenta, entendí cual era la sorpresa. Alberto sabia que siempre había tenido la fantasía de tener sexo con un hombre de raza negra y en este cumpleaños iba a realizar aquel sueño.
En vez de salir a cenar, había traído la cena y una tarta de postre. Nos sentamos en la mesa, comimos y charlamos amenamente. Alberto y yo nos mirábamos, él sabía que yo ya había descubierto su sorpresa, pero no dijo nada, se limitaba a sonreír con picardía.
Terminamos de cenar y nos sentamos en el sofá azul del salón, estaba excitada y algo nerviosa. Me senté en medio de los dos y seguimos charlando.
Alberto sin mediar palabra me puso la mano en la espalda y empezó a acariciarme, me sentí un poco violenta, el invitado estaba allí a mi lado y no dejaba de mirarnos. Siguió bajando la mano y llego a mi trasero, estaba empezando a ponerme muy caliente, ellos lo notaban. Alberto empezó a besarme, me metía la lengua con furor, con ansia, mordiéndome los labios...no quería parar de besarle pero me cogió la cara y me la giro hacia el invitado, no sabía qué hacer, aquellos labios eran gordos, jugosos y me estaban esperando...me deje llevar...saque la lengua y la acerque a su boca, en ese momento el invitado hizo lo mismo con la suya y nos comimos la boca, me encantaba, estaba húmeda y su lengua jugaba con la mía. Toda aquella situación me ponía muy cachonda y quise disfrutar de todo aquello.
Puse una mano en la entrepierna de Alberto y la otra en los pantalones abultados del invitado. Los besaba a la vez, primero a uno y luego al otro, mis manos se movían ágiles y sus pollas se alegraban de ello. Me puse de rodillas en el suelo y les quite los pantalones. Las pollas estaban completamente erectas, cogí una con cada mano y las moví de arriba a abajo, las dos a la vez, acompasadas, cada vez se ponían más duras, no aguanté mas y me las metí las dos en la boca, mmmm….la sensación fue increíble, no me cabían, pero tenía los dos glandes dentro y los lamí con dulzura, los moje todo lo que pude, mi saliva goteaba por todos los lados, ellos jadeaban de placer y mi coño estaba cada vez mas hinchado.
Alberto me tumbo en el sofá y me metió la polla en la boca, dejando libre mi sexo para que el invitado se lo comiera. Así lo hizo, se acerco y me paso la lengua dos o tres veces, a cada lengüetazo mi cuerpo se estremecía, pero no pude mediar palabra, tenía la polla de Alberto en la boca y me estaba ahogando. Siguió mojando mi coño, me mordía el clítoris, lo sorbía, movía la lengua rápido, sin darme casi cuenta me estaba follando con la lengua, me la metía todo lo que podía en mi agujero, me estaba muriendo de placer, lo hacía rápido, cada vez más rápido….no pude mas, me corrí en su boca, mi flujo llenó su lengua y las contracciones de mi coño la apretaban con fuerza.
Alberto saco la polla de mi boca y me quito el vestido, lo que vieron les gusto, se acercaron los dos, uno por delante y el otro por detrás, notaba sus pollas contra mi cuerpo, se frotaron y el calor que desprendían me ponía la piel de gallina.
Alberto doblo mi cuerpo hacia delante, y mi cara se quedo a unos centímetros de la polla del invitado, me empezó a penetrar y en el primer empujón hizo que me metiera todo el aparato de aquel hombre que no conocía de nada en mi boca, ahora siiiii ahora sí que la tenía toda en la boca, era enorme, larga y gorda y no me cabía nada más que la mitad, pero seguía empujando mi cabeza para que me la metiera mas, hizo que tosiera varias veces, me follaba muy fuerte e hizo que algunas lagrimas se me escaparan.
Me follaban por la boca y por el coño, al unísono, con movimientos rápidos y duros….estaban gozando, gemían sin cesar y yo estaba siendo penetrada sin compasión. Noté que Alberto no aguantaba más y salió de dentro de mí, yo seguía lamiendo aquella polla, más que lamiendo, tragando, empapada de saliva, goteando, sintiendo que me quedaba sin respiración, pero no podía parar.
Me sacó la polla de la boca y se sentó en sofá, seguía teniéndola dura y esperando a k la montara, me senté encima de él, y no pude acallar un grito de placer, me penetro tan fuerte y tan dentro que creí correrme en ese momento, le arañe los brazos, le mordí los hombros y mis pies se encogieron del placer que me estaba dando, mientras Alberto nos miraba sin dejar de masturbarse, esa escena le gustaba, verme follada por otro hombre le había puesto muy cachondo….
Cabalgue a ese hombre sin piedad, notando cada empujón en mis adentros y no aguante mas, me había corrido ya dos veces pero este ultimo orgasmo fue intenso, mi coño palpitaba y la gran polla del invitado me seguía al compas, nos habíamos corrido a la vez y Alberto estaba ya sumido en un placer fugaz, sus manos estaban llenas de leche y nos miraba con una sonrisa de satisfacción.
Me baje de aquel hombre y mi sexo chorreo una cantidad de liquido que empapo toda mi pierna, se había corrido a borbotones y allí estaba la prueba.
Nos fumamos un cigarrillo los tres, lo habíamos pasado de miedo y nuestros cuerpos estaban exhaustos.
Me dirigí a la habitación haciendo un gesto a los dos de que me acompañaran, esa noche iba a ser muy larga, mi cumpleaños iba a durar todo lo que me aguantaran y lo que yo aguantara, y os aseguro que iba a ser la más larga de todas las noches que habían tenido nunca.
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2 comentarios:
Que bien celebras los cumples Nane :p un besito guapa.
Nere ^^
Sin palabras Vane, que ya las has dicho todas tú. Escribes genial.
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